sábado, agosto 01, 2015

CINE DE PULGAR

Entre las cosas de mi bisabuelo traductor y masón, encontré un folioscopio. Esa libretita pasó mucho tiempo en la caja de zapatos; "Vaya, una libretita en blanco" había dicho yo al descubrirla cuando la dejé junto a las cerillas. Entendedme: una recibe una caja de zapatos (guardamos muchos recuerdos -cabeza- en contenedores que albergaron zapatos -pies-), y lo hace con gran expectación. Así que fue una noche en que nos quedamos sin luz que recurrí a la caja heredada que contenía los fósforos y, de rebote, al cuadernillo. Hacía siglos que no escuchaba el sonido de fricción contra la lija; encendí una vela y un piti y salí a fumar a la terraza. Para la noche se preveía "luna azul", que sucede cada tres años pero, con la tormenta lechosa que había caído, sólo había nubes condensadas. El cielo tenía la pinta de un gran postre.
Empezó a despejarse y tomé la libretita. Podía aprovechar para escribir algo, hacía tiempo que no le daba movimiento al boli, cualquier cosa aunque fuera ñoña. Al instante, ya sabía lo que tenía que hacer, qué tonta; aquello no era una simple libreta en blanco, era un "cine de pulgar", que se activaba extrañamente con la luz luna trianual. Y lo que vi en mi folioscopio mágico no fue ni el pasado ni el futuro; fue simplemente la película de mi vida en ese instante, yo misma hojeando mi propia vida hojeando mi propia vida hojeando mi propia vida hojeando mi propia vida.


2 comentarios:

Kalonauta dijo...


¡Qué bonito!

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Hermoso. Yo al contrario que tu personaje, no sé escribir si no es en papel. La luna azul está sobrevalorada, yo no percibí diferencias de tono, y sí la vi.