lunes, julio 20, 2015

PLÁSTICO FINO

Dime que no me quieres, mírame a los ojos y dime que no me quieres. Ella, con la boca entreabierta y la mirada tumbada, fija en un punto de la pared, no contestaba. Pareciera que no se atrevía a decir, por la ira bombeante en la vena de aquel cuello. ¿Dudas? Que me digas que ya no me quieres, ¡sé valiente, joder! Ella, oriental y hermosa, seguía en eterno off. Él, golpeando las esquinas, se dirigió a la cocina y tomó un cuchillo de hoja suficiente y mango de plástico fino. ¡Dime que no me quieres de una vez! Una cuchillada. ¡Responde! La acuchilló por segunda vez en el vientre. ¡Que me respondas! Tres: volvió a hendirle el cuchillo, ahora en el sexo. Seguidamente, abandonó el arma en la cama y puso su voz más tierna: Vale, vale, entonces, ¿me quieres? ¿Eso es que me quieres?! Esbozó una sonrisa, cuando la muñeca modelo Lilica de 6300 euros IVA incluido cayó desplomada, con su carne de silicona llagada y rebotando en el suelo de la habitación como un esférico pinchado en el córner.

3 comentarios:

andoba dijo...

Sí, señora. Fina denuncia sin plastificar. No porque respiremos al final del relato nos quedamos del todo tranquilos.

Enhorabuenas.

(Esto de contestar así a mogollón es que he vuelto de vacaciones.

yo, la reina roja dijo...

Gracias, Andoba. Intento generar uno semanal... Beso.

Miguel Ángel Pegarz dijo...

ME gusta mucho cómo escondes la jugada hasta el final. Esperemos que este tipo siga gastando el dinero en muñecas, al menos en lo que no aprenda a tratar a las mujeres que hay cosas que no se pueden sustituir a base de objetos caros.
Veo que ahora le das a la prosa en el blog.