sábado, marzo 21, 2015

DESAHUCIO

Como en la canción de Young,
deseas una mujer,
tal vez querubines con mocos
revoloteando por tu cabeza.
Tú, que sabes hacer una casa,
pueblas la mente de habitaciones
en las que guarecerte.
Tú, que has leído vidas inestables
en novelas de autores neoyorquinos,
pones el dedo en el diccionario
sobre la palabra hogar.
Pero llega la noche
y tu soledad se alza como un nardo enorme
y decoras el cielo negro con germen de estrellas
y recoges los pechos de las chicas
tan blancos que parecieran los rótulos del after.
Tras la homérica fiesta,
con el paladar macerado en ginebra de segunda,
el colchón se hace desierto,
estepa de látex;
al tiempo que te encoges,
proporcional a tu desahucio.



3 comentarios:

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Un poema potente e inmisericorde.

Kalonauta dijo...


A ver, una cosa que no me ha quedado clara. ¿Estamos hablando de un nardo metafórico o de uno literal? ¿Y cuál de los dos es el uno y cuál el otro? Se me mezcla todo en la cabeza...

No, en serio, es muy bueno. Es desgarrado e incómodo, pero en su brutal honestidad radica su Belleza... Sé que estos adjetivos no se acercan ni por asomo a describirlo como se merece, pero precisamente por eso tú eres la poeta y yo soy un mero... un mero... un Mero, vamos. O un Besugo, que para el caso es lo mismo.

¡Un fuerte abrazo, Carolina!

yo, la reina roja dijo...

Pretendía ser un poema muy sexual; hablar de la sexualidad del hombre solo. Así que "nardo" tiene todas las connotaciones que creo tiene, aunque también quería que la imagen fuera bonita (de ahí el contraste con la noche, y tal y pascual). Gracias por todo, amigos.