miércoles, septiembre 03, 2014

ANIMAL

Te tiran al arrullo, (2)
te pesan,
te vacunan
y así te llaman.

Vas al patio del colegio, (3)
a veces te machacan
y lloras el babero,
a veces muerdes
y llora El Otro Débil.

Te haces hembra (3)
y te gustan los chicos,
alguno te mete mano
en los bancos de los álamos.
Bebes chupitos
hasta que se incendia la niebla.


Te llega el poco conocimiento (4)
que no enseñan en Conocimiento del medio
y sueñas con filósofos
y tesis en despachos
y señores con corbatas
y una seriedad, a veces, agnóstica.

Luego el trabajo: (5)
ese centro de animales voraces
con dientes amarillos
que atacan como para preñar
y dar camada.
Ah, el trabajo
-se te arrastra larga la lengua-.

Va pasando todo. (6)
Más o menos amores.
Más o menos migrañas.
A veces tu cuerpo engorda,
a veces marca costilla.
Mandas al carajo a Adán.
-La mierda no es bíblica, es solo mierda-.

Se te va llegando el gris por la almohada. (1)
Lo de siempre.
Otoño, bucle, spleen, cansancio.
Pero repentino sisea el deseo;
es un bonito animal salvaje
que cabe entre las manos
y saca a los políticos de las conferencias
y resucita dinosaurios
y arrasa -ah, el deseo-
arrasa nuestro pobre colchón
tal que una guerra.


_________________________
El texto puede leerse siguiendo el orden habitual o, si se desea, con la guía numérica.

6 comentarios:

pris dijo...

Me gusta como crece en el papel (pantalla), reina. Se hace grande poco a poco.

Me vino a la mente...
El hombre, Oscar Hahn.

Emergió de aguas tibias
y maternales
para viajar a heladas
aguas finales.

A las aguas finales
de oscuros puertos
donde otra vez son niños
todos los muertos.

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Un relato muy amargo del crecimiento

pris dijo...

el texto crece. al estilo del de Cabrera Infante: el texto que se encoge.

Pio dijo...

El resumen de una vida, de la de todas en general.
Vaya por un momento he visto la de la mia.

yo, la reina roja dijo...

Eso intentaba, Pío, aunque también, con la segunda lectura, quería dar otro enfoque basado en el deseo. Gracias, Pris y Miguel Ángel.

andoba dijo...

¿El deseo como motor, como salvador de una existencia, o siquiera de un momento de una existencia?

¿Son las pulsiones elementales las que a veces nos sacan del pozo?