martes, agosto 14, 2012

EL CÍRCULO BOHEMIO GRENOBLENSE

Los días dedicados únicamente a la creación me parecen días completos. Escribir, esbozar, arrojar ideas... Y cerca, la piscina. Cada año que estoy cerca de una piscina recuerdo cuando estaba al lado de una piscina un verano en que tuve 17 años. Entonces no pensaba en la posibilidad de otras piscinas futuras, simplemente en la desidia de ser adolescente. La verdad es que yo pasé mucho hastío que, por suerte y con trabajo, he dejado atrás.

También me gusta poder tener tiempo para correr y nadar. Volver a la piscina pero de otra forma, no para contemplarla sino para chapotear y hasta hacer el muerto (aquí cobra la expresión gran vitalismo). Emplear el cuerpo: beber, comer, oler...

Además de crear y hacer cosas físicas, desde luego es sublime poder leer. El verano es el mejor tiempo para mí y, precisamente, ahora que escribo desde Francia, leer a Enrique Vila-Matas, con su París no se acaba nunca, es más que sublime: es puro placer.
A Vila-Matas ya me lo habían presentado mis amigos de Hotel Postmoderno, Alberto T. Blandina y Maxi Villarroya, pero nadie como Luci Romero, absoluta caníbal de libros y, en concreto, de este hombre, para ponérmelo en la bandeja.

Pues bien, uno de los recuerdos que suscitó a su vez el recuerdo de su París (Perec, Raúl Escari, Marguerite Duras...), trajo a mi memoria  los días en que yo viví en Francia. No en París; nunca fui tan chic ni atrevida. Hay que reconocer que para ir a París se debe ser o un poco chic o un poco valiente, cualidades de las que he carecido siempre en líneas generales. Y recordé Grenoble, que es donde viví durante 8 meses, cuando tuve 26 años.
Hilando mis memorias de entonces, llegué a la conclusión de que en sí misma yo creé la bohemia extranjera del lugar: leía, escribía en mi diario personal como una Anaïs Nin (dice Vila-Matas que los escritores verdaderos son los que "se exponen"); iba los cines "Méliès" dos veces por semana, caminaba, hacía bici los domingos... Poco más, claro, aparte de mis clases de español para extranjeros en el liceo Stendhal.
El hecho es que rehusé hacer vida social en exceso, sobre todo para no conocer hombres atractivos súper franceses y tener deseos sobrenaturales de tirármelos, dada mi condición sentimental. Así que, se me ocurre la extrañísima idea de que yo creé un círculo bohemio insólito: el grupo bohemio de uno solo, yo misma, Carolina Otero. Sin muchas diatribas, es cierto, pero con reuniones más que regulares, café denso y muchas cuartillas escritas.

Cierto es que conocí gente; no penséis que fue todo tan monacal, incluso me dio tiempo a cantar con un grupo de rock local, fui a conciertos y viajé a Lyon, Burdeos y hasta Londres, pero la vida instrospectiva y literaria la llevé bastante a rajatabla.
Y todo esto lo recuerdo ahora, como decía, leyendo a Vila-Matas, con su magnífico París no se acaba nunca, y quiero creer que acabo de escribir un pequeño relato, distinto a los que suelo escribir. Sin sopresas, sin nada que entender, "Porque entender puede ser una condena".

8 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

Muchos de los mejores momentos de mi vida han sido conmigo. Porqué aunque siempre me cargue encima, no siempre me acompaño...

yo, la reina roja dijo...

:-)

Lucita dijo...

Precioso texto.

yo, la reina roja dijo...

Muchas gracias, Lucita.

maria dijo...

Siempre digo lo mismo pero es que me gustan mucho y no se expresarlo de otra manera: me encanta, jaja.

yo, la reina roja dijo...

María, tanto los megustan como mencantan son super bien recibidos!

Kalonauta dijo...

Pues acabo de estar una semana en París y tú no desentonarías allí en absoluto, Carolina.

En la penúltima entrada de mi blog hablo de París y de Stendhal, entre otras cosas:

http://labellezayeltiempo.blogspot.com.es/2012/08/abrumados-por-la-belleza.html

Y sí: a mí también mencanta tu blog.

yo, la reina roja dijo...

Me paso rauda por tu entrada, Kalonauta.
¡Gracias por tu visita y tu comentario!