lunes, julio 23, 2012

EL CUENTO

Todo comenzó con una orden de alejamiento de uno de mis vecinos. Bueno, rectifico: todo comenzó con un miserable cuento que escribí. El narrador, con una voz en 1ª persona femenina, provocadora y maligna juraba que "iba a entrar en las casas cuando todos durmieran, iba a cocinar a sus hijos con miel y romero y me iba a tirar a sus maridos". Así, en plan venganza masiva y sin mucho más sentido que el del gusto.
Ese relato lo había escrito llevada por la manía de muchos de mis lectores de identificar mis textos con mis propias vivencias. La manía, difundida hasta por el facebook, estaba agotándome. Parecía que de todo tenía que dar explicaciones, justificaciones y hasta confesarme religiosamente. Así que, harta de verme vigilada constantemente por los seres circundantes decidí darles una lección e incluso poner a prueba sus sensibilidades. Así que escribí "El cuento".
Como decía, me llegó una orden de alejamiento de uno de mis vecinos. Y la cosa creció con un estúpido efecto de fichas dominó cayendo: pronto no pude ni bajar la basura. Tenía sus miradas cosidas como botones en mi espalda. Así que empecé a salir sólo por las noches, lo que me llevó a su vez a beber más -ya sabéis, el mundo de las noches...-. Me hice taciturna, grosera e irritable. Llegaba tarde al trabajo, una vez allí mandaba a mis alumnos a tomar viento mostrándoles el dedo corazón, lo que continuó la cadena de desastres: broncas con padres y agresiones de verbo y tacto, apertura de expediente, cese laboral... Y, nada, que aquí estoy, en comisaría. Dicen que tengo derecho a un abogado y a esta libretita.

9 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

Por un momento, incluso he pensado que esta vez sí que era un relato autobiográfico... ;)

pris dijo...

Me ha encantado. Que viniéronme ganicas de leer a Poe, oiga!
Pero ahora a lo que íbamos. Confiese, cuente, explique... ¿cuándo empezó a ocurrirle todo eso? y lo más importante ¿no le dan trato preferente en comisaría por su condición de reina? Lo pregunto, no por curiosidad malsana, entiéndame,sino con el derecho (y aún diré más, con el deber) que me confiere la condición de lectora.

Anónimo dijo...

Muy chulo, Carolina pero, por si acaso, voy a cerrar el pestillo por las noches: la confusión autor-narrador-personaje a veces la vive el propio escritor ;-)

yo, la reina roja dijo...

Gracias, lectores. Si no tienen hijos ni maridos, están todos a salvo. Poe, gran maestro. Un abrazo de esta autora fragmentada.

Sico Pérez dijo...

Mierda, hasta la última línea me había comido EL CUENTO. La primera persona saca llagas y deja regada la sangre, quizás por eso mola.

emperadorafresca dijo...

A mí me pasa que más que identificar lo narrado con la narradora lo identifico conmigo misma. Quiero decir que soy la de la celda de enfrente. Y que he acabado aquí por un proceso de mimetización. Bueno, eso, y porque adoro la miel de romero… y a los maridos de otras.

dEsoRdeN dijo...

Marido no tengo. Hijos, no me consta. Y Poe era un grande...

yo, la reina roja dijo...

Je, je, emperadorafresca. Bienvenida seas y a salvo estés.
Sí, Sico, reconozco el atractivo del "yo".
Desorden, tú estás fuera de la ley.
¡Generosos!

dEsoRdeN dijo...

La única ley que respeto es la del sentido común. Y a veces ni esa...