domingo, marzo 25, 2012

LEKUNBERRI IDA Y VUELTA

Crónica de la recogida del XV Premio de Poesía Ángel Urrutia
Para la ida a Lekunberri escuchamos en el coche el “Teen Dream” de Beach House. Dos veces. Es un buen descubrimiento de este año y le va muy bien a un viaje en coche. Además, le siguió uno del doble de Wilco, que aunque lo tenemos bastante pinchado, siempre ha de sonar en nuestros viajes.
Hicimos la ruta hacia Teruel y Zaragoza, luego ya era fácil dirigirse a Navarra. La llegada a Lekunberri fue temprana incluso le había dicho a Jason: “¿No quieres ir más despacio? Quisiera disfrutar del viaje, parar a comer nuestro sándwich”. Él se reía de mi deseo. Eso hicimos, al final, en uno de los más hostiles servicios de carretera antes de Pamplona y nos comimos el almuerzo en el césped de una pequeña rotonda, entre un camión y la entrada a la gasolinera. Sándwich de salami, queso, mostaza y pepinillos.
Pero, como decía, llegamos muy pronto a Lekunberri, a eso de las 15 horas. El sorprendente calor favoreció la curiosidad y nos fuimos a pasear por el municipio, no muy grande pero con tiempo para escudos, carteles de eventos en euskera, gentes charlando de la peste que son los políticos en la sobremesa… Me llamó especialmente la atención un escudo en la fachada de una casa. Contenía una sirena con la cola partida.
Por la tarde nos encontramos en el Hotel Ayestarán con Jennifer y Jim, los padres de Jason, y tomamos cerveza –qué hacer con escoceses si no- hasta la hora de cenar. Del menú elegí algo liviano: ensalada de espárragos y de segundo pescado. “Estarás orgullosa por el premio, ¿no?” Me preguntaron. “Bueno, orgullosa… contenta sí, claro, es un pasito. Por cierto, ¿sabéis que aquí se alojó varias veces Ernest Hemingway? Como le gustaban tanto los toros…”.
Al día siguiente quedé pronto con Inma, organizadora del evento y del premio literario, y charlamos animadamente. Nunca podemos acertar cuando no conocemos a una persona y llega el momento del desvelamiento: fue muy, muy simpática y acogedora. Me regaló un bonito ejemplar de la obra completa de Ángel Urrutia. Juntas cruzamos al edificio de enfrente, parte del Hotel, y me presentó a Belén, sobrina del poeta Ángel, y, en fin, a todas las gentes que habían venido a este acto familiar y que llevan celebrando durante 15 años en memoria de su poeta. Después, todo sucedió bastante rápido: coro, presentaciones, lectura bilingüe de algunos de mis
poemas (Leire, la joven hija de Consuelo, miembro del jurado del premio) había traducido al euskera sin que yo lo supiera un par de textos. La gente era absolutamente cortés: algunos hasta me trajeron pinchos de tortilla y vino mientras yo firmaba ejemplares del libro. Luego, charlamos y nos hicimos muchas fotos. Pensaba en algunos momentos si no estarían espantados por algunos de mis poemas. Le había firmado un ejemplar al que luego me dijeron era el cura del
pueblo.
La tarde siguió, ya lejos de toda esa gente espontánea y amable, en Pamplona, por donde callejeamos y nos resguardamos de una improvisada tormenta. Cuando el día dejó de jugar con las nubes y el viento como un niño sin muchos dientes, acabamos de pasear. Quería comprarme un buen manual de castellano-euskera, porque siempre me ha atraído esta lengua prerrománica pero desde entonces mucho más. Pero, claro, era domingo y sólo abrían tiendas turísticas y bares. Jennifer se compró una sudadera roja expresamente para San Fermín, aunque ella nunca correrá entre los toros, menos mal.
Cenamos de nuevo con Jim y Jenny y esta vez me premié con un generoso solomillo con patatas e incluso me atreví a no pedirlo muy hecho, qué coño, tenía un premio de poesía, eso se debía celebrar con carne. Luego, no muy tarde a la cama pues mi conductor y yo teníamos que salir pronto de Lekunberri. Quizás nos daría tiempo hasta ver la Cremá y aunque no soy nada fallera me hizo un pelín de ilusión ver el fuego. Pero lo que sí vimos allá a las 8 de la mañana es cómo nevaba: “¡Mira! –entre animada y asustada- ¡está nevando! ¿Y si nos quedamos atrapados y no podemos ir a trabajar mañana?”. “Qué va, diría luego Miren, del hotel, aquí echan sal en la carretera en seguida. Pero os podíais quedar si quisierais sin ningún problema”.
Y después de dejar nuestra firma en el libro de visitas, salimos del hotel, luego de Lekunberri, pasando por Irurtzun, luego hacia Pamplona, Zaragoza y Teruel. Y los paisajes españoles eran absolutamente cambiantes. Recordé algunos versos de Machado. Pensé que escribir poesía no era tan malo.
Sonaban The Racounters (“Consolers of the lonely”) y mi conductor y yo las cantamos todas, yo con peor inglés, claro, por la autovía Mudéjar. Luego cambiamos a “Sly and the family stone”. Y nos plantamos en seguida y a buen ritmo en Valencia, con mi mar Mediterráneo a nuestra izquierda. Contentos por haber visto y vivido tanto en nuestro pequeño viaje con la excusa de la poesía.

4 comentarios:

Leire dijo...

En la humilde opinión de esta jóven amante de la poesía, el mayor regalo de ganar un premio literario es conocer paisajes y gente (que acostumbra a sorprenderte). Esa es la principal lección de un concurso, que la literatura es viajar en paisajes y personas, no sólo personajes y mundos ficticios (como el de la televisión). Algunos hemos tenido la oportunidad de toparnos con estos placeres de conocer lugares y gente maravillosa teniendo aún por delante muchos años para disfrutar de la literatura.

Se nos olvidó deciros que aquí llueve sin avisar. Espero que no os mojarais mucho con el chaparrón navarro. Nosotros también vimos llover, en Lekunberri, al coger el coche.

No creas que los escoceses (aquí todo el que hable con acento parecido al inglés es guiri esos días) corren con sudaderas rojas en el encierro. Por lo general corren el 7 de julio, en chancletas u otro calzado nada adecuado, y con la camiseta llena de kalimotxo, sangría, ketchup y mostaza del día anterior. Más que rojo rosacio. Pero el día que os animéis a sanferminear, yo prometo no llamar guiri a ninguno de aquellos señores con mirada amable y perdida en un entorno castellano-euskeraparlante.

No sé si por fin compraste el manual. Si se admite una sugerencia, Elhuyar es el diccionario que más usamos nosotros (nosotros... cualquiera con buen nivel de euskera que use diccionario). Y, si no tienes oportunidad de comprar uno, prometo uno para la próxima vez que pase por Valencia (¿con posible concierto de The Someone Elses?).

Moltes gracies, de verdad. Fue un día estupendo, precedido por una tarde de estrujarme el coco genial, y tengo unos poemas maravillosos que harán que la recuerde. Porque... la poesía tal vez sea inmortalizar instantes (existan o no).

Muxu bat! (para que empieces con esta maravillosa lengua de tantos años de historia e historias)

yo, la reina roja dijo...

De acuerdo en lo que dices de los paisajes y las gentes, Leire. Diccionario aceptado cuando nos veamos de nuevo. Espero para entonces haber sido capaz de aprender alguna frase en euskera. Bienvenida a mi "etxe".
MUSUAK!

dEsoRdeN dijo...

Felicidades por el premio y la banda sonora. El nuevo de Beach House vuelve a ser increíble. Y que me vuelva ordenado si miento...

yo, la reina roja dijo...

Gracias, bonico.
La verdad es que el "Teen dream" se degusta poco a poco, con muchas escuchas. Besets.