sábado, agosto 13, 2011

ROSTRO FAMILIAR (parte 1)

Entonces, me quedé mirándolo fijamente. Sus rasgos me eran tan familiares… Y, sin embargo, estaba claro que no nos conocíamos de nada. Su acento tenía un poso poco reconocible pero claramente extranjero. Le dije: “Disculpe que le mire tan de seguido, pero es que su rostro me es conocido y no sé de qué”. De repente, me acordé de que aquel hombre era, evidentemente, uno de los retratados que yo tenía en mi habitación de los cuadros. Me gusta tenerlos todos bien agrupados, no como la gente común, por toda la casa. El arte no es cualquier cosa y mi habitación es como un pequeño museo. En sólo unos años, he logrado reunir obras espectaculares de primeros pintores: un Dalí, dos Picasso, cinco Antonio López… no hago ascos a ningún estilo, siempre y cuando sean obras de los grandes.
Así que, de pronto, recordé que aquel rostro había sido inmortalizado al carboncillo y que se encontraba en mi habitación museo, entre el cuarto de invitados de la planta baja y mi despacho. Pero, desde luego, mi mala memoria era igualmente incapaz de recordar al artista de semejante obra. Lo que no dejaba de ser curioso, por otra parte, era el motivo que llevaba al retratado a visitarme aquella tarde. Pero no podía dejar a aquel hombre, fuera quien fuera, en el umbral del portón y, aún menos, cuestionar su identidad; eso era muy poco elegante. Llamé a mi mujer para que me acompañara: “Isabel, ven a tomar café con nuestro invitado”. Mientras mi mujer bajaba del cuarto, hice pasar al hombre desconocido y me dirigí a la cocina a preparar el café. No lograba recordar el nombre del artista, no lograba recordar el nombre del retratado. “Vaya memoria la mía, de viejo cansado”.

4 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

No me hables de memorias de pez, que me tiene ya preocupado el temita...

Anónimo dijo...

Thanks for using the time and effort to write something so interesting.

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Julio César Álvarez Arias dijo...

Interesantísimo blog. Mi particular enhorabuena.

yo, la reina roja dijo...

Muchísimas gracias, Julio César. Bienvenido a mi Casa en la periferia.