domingo, diciembre 26, 2010

EBRIEDAD Y MAR

Me gusta ir al mar
porque me recuerda que no soy nada.
Podría decir que prefiero mi coche a 130,
las noches de verano,
una canción ligera, de esas de anuncio.
Pero elijo la crudeza,
la pulpa de lo gris.
Me siento en el muelle.
Hace frío.
Pelo la fruta y chorrean los gajos.
La humedad del spleen cala mi chaqueta.
El turista invernal
fotografía el rompeolas.
Mi figura es azul, sólo una mancha
en el objetivo de su postal.
Si me engullera el mar ahora
nadie, absolutamente nadie, lo notaría.
Regreso al aparcamiento
junto a las palmeras
y las terrazas cerradas.
Podría entrar en aquel bar,
tomarme una copa y escribir
que soy más importante que el mar
porque tengo fin.
Y toda una sarta de mentiras que sonaran
como una canción optimista y ebria.


Foto: Juan Terol

2 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

Me encanta ver el mar, pero desde tierra firme. Quizás si tuviera escamas...

yo, la reina roja dijo...

Sí, supongo que las escamas ayudan...