sábado, octubre 16, 2010

LA DOBLE KATHARINA KOBER

(FRAGMENTO FINAL DE "LA DOBLE KATHARINA KOBER")

-Recuerdo que me encanta asomarme a la ventana después de hacer el amor contigo, mi kleiner Spanier. Me encanta Valencia y la luz jugando con mis pies desnudos –decía mientras se descalzaba. Ven aquí, Alberto, y dame un beso para recordarlo en el futuro –sonrió después de su propio comentario.

Alberto salió al pequeño balcón y la cogió por la cintura. Tras ceñirla subió sus manos por los laterales hasta su pecho desbordado y la trajo hacia su cuerpo. Palpó su culo frutal hasta que un calambre recorrió los sexos de los amantes, que no podían esperarse más. Ella saltó y cruzó sus piernas en la espalda del médico. Otro calambre. Se trenzaron en besos de despedida y sensualidad y él la llevó a la cama. La estancia en la que comenzaron a desnudarse era amplia y blanca. Las cortinas largas parecían acompasarse al ritmo de los amantes. Ella encima de él, con los cabellos flotando hacia el techo como en un anuncio de perfume. El vestido, medio fuera del cuerpo de la joven, mostraba sus pechos redondos. Ella, urbana amazona, se los acariciaba. Luego el médico dio la vuelta a la joven en la cama, tuvo sed de poseerla, de dominarla. El cuerpo suave y sinuoso de Katharina daba la espalda al de él. El empuje era cada vez más fuerte, y más fuerte. Ella se agarraba al cabezal de hierro forjado mientras emitía unos sonidos de niña llorando. Alberto aceleraba el galope hasta que los dos se corrieron y cayeron cada uno a un lado de la cama, exhaustos.
El recuerdo del placer que acababa de sentir el médico fue tan fuerte que lo abofeteó y lo despertó del sueño. Se dio la vuelta en la cama, hacia su amante. Pero aquél no era el cabello castaño claro que había regado las sábanas hacía un momento, ni aquellas eran las piernas jóvenes de Katharina. Sin embargo, Alberto rodeó el cuerpo de su mujer con un brazo. Y se quedó pensando antes de levantarse para hacerse el café de rutina. Se quedó pensando mucho tiempo en todo lo que no había sucedido aquella mañana con la doble Katharina Kober.

11 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

La fantasía libera a las almas atrapadas por sus circunstancias...

Toni En Blanc dijo...

Qué texto tan bueno. ¿Pertenece a algún libro?

Saludos.

yo, la reina roja dijo...

Gracias, Toni En Blanc. Es el final de un relato que he escrito y que estará ensartado con otros más... No se sabe si editado en papel o sólo en red.

myselfobia dijo...

:)

yo, la reina roja dijo...

;-)

felicidades dijo...

Grande Carolina.
Voluptuosa Carolina.
Penetrante Carolina.
He llorado. Otra vez. Esta noche. Al volver a leer 'tras una pérdida así'
Sigue escribiendo que te seguiré leyendo. Siempre. A pesar de hacer el idiota. A pesar de no tener tiempo.
Grande Carolina. Muy grande. Siempre.

albertuki dijo...

oye, que el otro día conocí a Katharina y ahora me ha dado vergüenza leer el relato de alberto (ficcionalizado en médico) y ella...

yo, la reina roja dijo...

Ja, ja. Nada que ver tú... o ella. El médico primero se llamó Álvaro pero no encajaba la esdrújula con el apellido (en mi mente). Entiendo la curiosidad que crea que se escriba empleando nombres de otros. Bueno, tú lo entenderás más que nadie.
***
¡Gracias, "felicidades"! (quién seas). "Tras una pérdida así" tiene mucho tiempo...

Katharina dijo...

aquí Katharina - la única. me gusta todavía!

Katharina dijo...

por cierto: quién es albertuki??? :D

yo, la reina roja dijo...

¡Katharina! :-)