lunes, agosto 16, 2010

En el concierto

Si coinciden
nuestros ojos en la noche
que todo lo cubre, mi cuerpo
blanco se estremece.
Y luego pienso,
continuamente pienso,
en ese roce eléctrico
como si 3 metros de distancia
entre nosotros fuera
besarnos en los baños,
meternos mano
y detenernos, el uno con el otro.
Acaba el concierto, el bis extinto
deja un poso de ansia
bajo mi lengua.
Los músicos se emborrachan
y se llevan a las hembras,
y yo he de regresar a casa sola
cuando quisiera
tenerte toda la noche
bajo mi falda, odiseo necio.
 

6 comentarios:

dEsoRdeN dijo...

Haberte emborrachado tú también, y a lo mejor la presa caía bajo tu falda...

andoba dijo...

Iba a decir que debe de ser que los conciertos (y las miradas interesantes) sirven de estímulo afrodisiaco tanto a los espectadores como a los actuantes, pero después del añadido del último verso, mejor me callo y que la girodisea siga su curso.

Saludos.

yo, la reina roja dijo...

¡La Girodisea de Homera! ;-)
Yo creo que sí que sirve de estímulo, como decías, a ambas partes. Por eso me inspiró algo que nunca pasó.
Bs a los dos.

pauline dijo...

BUF BUF BUF BUF : SOY FAN!

Antonio Alfonso Alonso dijo...

Vaya desperdicio! Supongo que estaría todo el mundo ciego (o iban ciegos) para no arremangarte la falda contra la pared...

yo, la reina roja dijo...

Pauline: Y yo a ti también te digo BUF BUF BUF y añado GLUPS!