miércoles, octubre 01, 2008

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Te lavas los dientes
con pasta acción triple
a ver si se te quita ese sabor
a noche ahumada de la lengua.
Tú y él por el camino
desierto de transeúntes y luces;
su brazo en tu hombro,
bajo su brazo tu cuerpo
como una pareja de baile inválida,
capaz sólo de recuerdo.
Pero el sabor a noche no se quita,
no se quita ni con este poema,
ni leyendo a Whitman, sus hojas,
ni con el engaño del sueño.
Uno ha de acostumbrarse
al sabor denso de la noche
y sus mentiras.

2 comentarios:

el angel de las mil violetas dijo...

Por desgracia tenemos que acostumbrarnos a sabores asi, igual que el del último beso antes de una despedida...
Besos!

yolareinaroja dijo...

La verdad, me encanta el sabor de la noche. Sin él poco escribiría.
Saludos.